¿Por qué es más difícil desarticular las actuales redes criminales mexicanas que los carteles colombianos de los años noventa?

Análisis comparado a partir del concepto de resiliencia de redes sociales

Editor's Note:  Eventually, we hope to offer all of our El Centro works in both Spanish and English, but for now we will offer them as we receive them in the hopes of translating them in the future.

Abstract

In this paper we analyze the levels of resilience of Mexican Transnational Criminal Networks, when compared with those of drug cartels operating in Colombia in the eighties and nineties. Although there are various senses of the concept of resilience, for the purposes of this document we refer it as the ability of criminal networks to support the dismantling attempts carried out by the security and Intelligence State agencies. The document is divided into five parts. In the first part we present the basics concepts of Social Network Analysis. In the second part it is presented a brief discussion on the concept of resilience. In the third part it is explained how the network structure is related to its degree of resistance to be dismantled. In the fourth part we discuss the levels of resilience of the Mexican criminal networks "La Familia Michoacana" and "Los Zetas". In the last part we present specific implications for the design of security policy. Specifically, we answer the question of why it is more difficult to dismantle a criminal network as "La Familia Michoacana" than one of the Colombian cartels that operated during the eighties and nineties. The answer to this question is based on a fundamental feature of the structures of both forms of crime, criminal networks with high level of decentralization in the first case and highly centralized cartels in the second case. This feature generates additional challenges for the enforcement agencies, than those faced by security agencies that confronted Colombian Cartels in the eighties and the nineties.

 

Resumen

En el presente documento se comparan los niveles de resiliencia de las Redes Mexicanas de Crimen Transnacional con los de los Carteles de Narcotráfico que operaron en Colombia en los ochenta y noventa. Aunque hay diversos sentidos del concepto de resiliencia, para los propósitos del presente documento se refiere a la capacidad que tienen las redes criminales para soportar los intentos de desarticulación, por parte de las fuerzas de seguridad e inteligencia del Estado. El documento se divide en cinco partes. En la primera se exponen los conceptos básicos del Análisis de Redes Sociales. En la segunda parte se presenta una breve discusión acerca del concepto de resiliencia. En la tercera parte se explica cómo la estructura de una red está relacionada con su grado de resistencia a ser desarticulada. En la cuarta parte se discuten los niveles de resiliencia de las redes criminales mexicanas de “La Familia Michoacana” y “Los Zetas”. En la última parte se presentan algunas implicaciones específicas para el diseño de política pública. Específicamente, se responde a la pregunta de por qué es más difícil desarticular una red criminal como “La Familia Michoacana” que a uno de los carteles colombianos que operaron durante los años ochenta y noventa. La respuesta a esta pregunta se sustenta en una característica fundamental de las estructuras operativas de ambas formas criminales –redes criminales con elevado nivel de descentralización en el primer caso y carteles altamente centralizados en el segundo caso–, por lo que se plantean desafíos adicionales a los que enfrentaron las agencias de seguridad que confrontaron los carteles colombianos a finales durante los años ochenta y noventa.

  1. Análisis de Redes Sociales

Distintas formas de criminalidad requieren la participación perdurable de diversos agentes sociales. Por ejemplo, para el desarrollo de procesos Captura del Estado o de Reconfiguración Cooptada del Estado[1], usualmente puestos en marcha por redes criminales transnacionales y domésticas, como aquellas dedicadas al narcotráfico, se requiere el establecimiento de relaciones sociales perdurables. Dichas relaciones configuran una red social que puede examinarse y analizarse en términos de sus flujos y niveles de información (Degenne & Forsé, 1999). Cuando esta red social es graficada, se obtiene una serie de puntos, llamados nodos/agentes sociales, unidos por unas líneas que expresan una determinada relación social. Por lo general, dichos puntos o nodos/agentes sociales representan individuos, siempre que no se señale lo contrario, y las líneas representan relaciones sociales establecidas entre esos agentes sociales/individuos.

En general, el Análisis de Redes Sociales permite identificar y analizar las siguientes características de las redes sociales: (i) El agente social que opera como el hub de la red, que se refiere al agente que concentra la mayor cantidad de relaciones sociales directas, (ii) el agente social que opera como puente estructural de la red, que se representa al agente que más interviene y arbitra información entre sub-redes y módulos de la red, (iii) los tipos de agentes sociales participando en la red, (iv) los tipos de relaciones sociales establecidas entre los agentes de la red, (v) la intensidad de las diferentes relaciones sociales, y (vi) la estructura típica de determinadas redes sociales, entre otras. De las anteriores características, las primeras dos primeras se refieren a criterios de centralidad que proveen información acerca de roles que son importantes para la estabilización de las redes.

Específicamente, el primer criterio de centralidad permite identificar al nodo/agente que ha establecido la mayor cantidad de relaciones sociales directas en la red. Esto se realiza mediante el cálculo del indicador de centralidad directa (centrality degree) (Degenne & Forsé, 1999), que consiste en calcular la “centralidad porcentual para cada nodo, (…) dividiendo el puntaje de centralidad absoluto entre la centralidad máxima posible del grafo. [Cuando este indicador se calcula,] 0 denota un nodo aislado y 1 designa” (Degenne & Forsé, Introducing Social Networks, 1999, p. 133) un nodo que está conectado con todos y cada uno de los otros nodos de la red. Así, el nodo/agente con el mayor indicador de centralidad directa al interior de una red se denomina hub, porque es el nodo/agente más conectado, es decir, el que más relaciones sociales concentra.

Por otra parte, el segundo criterio de centralidad está sustentando en los conceptos de capital social, huecos estructurales (structural holes) y puentes estructurales (structural bridges) (Burt, Christman, & Kilburn, 1980). Las relaciones sociales fuertes o intensas son fuente de confianza y de capital social, en el sentido de que un agente obtiene ventajas por el hecho de estar relacionado con otros agentes (Coleman, 1988). Por ejemplo, en principio, las relaciones sociales intensas que se establecen con la familia son fuente de capital social. Sin embargo, en muchos casos la familia puede no ser útil para los intereses de cada miembro, por lo cual las relaciones sociales intensas no necesariamente pueden contarse siempre como una fuente de capital social. Más importante aún, en ocasiones después de varias iteraciones sociales, cada nodo/agente de una red puede terminar conectado con cada uno de los otros nodos/agentes. Cuando esto sucede, la información en la red se vuelve redundante y, por lo tanto, ser el hub no implica necesariamente saber más, concentrar más información o ser fuente de capital social. Las redes en las que esto sucede se denominan cliqués (Gráfico 1).

 

Gráfico 1. Un cliqué

En este caso, el indicador de centralidad directa no provee información acerca de qué tan relevante es un nodo/agente. Por este motivo, es necesario no sólo prestar atención a la cantidad de relaciones directas con que cuenta cada nodo/agente, sino a la cantidad de veces que éste se atraviesa en las rutas geodésicas de la red. Esta característica es importante porque, en ciertos casos, “algunos individuos con conexiones débiles (…), pueden aún ser indispensables para ciertas transacciones” (Degenne & Forsé, 1999, p. 135). Incluso, individuos con conexiones débiles pueden ser más importantes para determinados fines, que aquellos individuos con conexiones fuertes. Así, el nodo/agente a través del cual la red que previamente estaba cerrada establece una nueva conexión con otra red, puede interpretarse como puente estructural (structural bridge) al permitir el flujo de información entre redes que estaban desconectadas por un hueco estructural. Por lo tanto, el puente estructural concentra información y capital social e, incluso más importante, es capaz de arbitrar información. Esto, porque “(…) entre mayor sea la capacidad actual o potencial para intermediar entre todos los miembros de la red, mayor será su control sobre los flujos de comunicación” (Degenne & Forsé, 1999, p. 136). El Gráfico 2 ilustra a un nodo/agente actuando como puente estructural.

 

 

Gráfico 2. Dos cliqués conectados mediante un nodo/agente

Como se verá en las siguientes secciones, las concentraciones de los indicadores de centralidad directa y de betweenness, serán también útiles para proveer información acerca del nivel de resiliencia de cada red.

  1. ¿Qué es la Resiliencia de una Red?

La resiliencia se refiere a la capacidad de una red para resistir los cambios y, específicamente, para auto-organizarse o reagruparse luego de sufrir algún nivel de desarticulación: “resiliencia es la capacidad para sobrevivir los cambios del ambiente y el ataque directo” (Lauchs, Keast, & Chamberlain, 2011). En estricto sentido, no hay definición única de resiliencia, ni parámetros únicos para su medición. De hecho, si se analiza desde una aproximación ecológica, organizacional o criminológica, se pueden proponer distintas acepciones de resiliencia (Ayling, 2009).

Desde la física y la química se aduce que resiliencia es la “habilidad que tienen determinados materiales para regresar a su forma luego de un desplazamiento” (Ayling, 2009, p. 183). En esta misma aproximación, la resiliencia se ha medido como el tiempo que le toma a un sistema para regresar a su estado de equilibrio, suponiendo que cada sistema tiene un estado de equilibrio caracterizado por su perdurabilidad. Sin embargo, en términos de ecología se ha reconocido que un sistema puede tener varios estados de equilibro, de manera que la resiliencia ecológica no se refiere al tiempo que le toma al sistema regresar a su estado de equilibrio, sino a “la cantidad de perturbación que el sistema puede absorber antes de que se auto-organice y adopte un nuevo estado” (Ayling, 2009, p. 184).

Por otra parte, en términos organizacionales se reconoce que todos los sistemas de organización social enfrentan crisis o etapas de perturbación durante su desarrollo (Ayling, 2009). En este caso, de manera similar a lo reconocido desde la ecología, la resiliencia organizacional se refiere a la capacidad que tiene el sistema para comportarse de manera adaptativa, o “convertir los desafíos en oportunidades” (Lengnick-Hall & Beck, 2005). En este sentido, Ayling (2009) adopta una definición de resiliencia que incluye la capacidad para adoptar perturbación y, por lo tanto, la capacidad para adaptarse a los cambios que resultan de dicha perturbación. En esta medida, resulta sencillo asimilar la noción de resiliencia al caso de las organizaciones o redes criminales, como la capacidad que tienen dichas redes para asimilar los ataques desestabilizadores o desarticuladores adelantados, por ejemplo, por las agencias de seguridad del Estado.

En consecuencia de lo anterior, se han propuesto los siguientes criterios asociados a una alta resiliencia en el caso de las redes ilícitas: (i) los agentes de la red deben tener muy diversas características consecuentes con la estructuración y consolidación de la red, entre ellas psicológicas, (ii) los agentes miembros de la red deben haber desarrollado elevados niveles de confianza mutua, y (iii) la red debe ser robusta en términos de conexiones/relaciones entre agentes que participan en la red. Estas tres condiciones están asociadas a una elevada capacidad de la red para recuperarse de la pérdida o remoción de nodos/agentes críticos (Lauchs, Keast, & Chamberlain, 2011), ya sea en términos de su lugar ocupado en la estructura de la red o de su capacidad cognitiva, por ejemplo.

Adicionalmente, en términos contextuales, la resiliencia de las redes ilícitas parece estar asociada a las siguientes características: (i) la presencia de ecosistemas criminales en los que hay espacios para la auto-organización criminal por medio de la transferencia de tecnología criminal, por ejemplo, así como espacios y oportunidades para la recuperación luego de ataques externos cometidos por parte de las autoridades (Felson, 2006); y (ii) apoyo por parte de la comunidad y apreciable grado de inter-penetración social (Ayling, 2009, p. 188), que se refiere a la intensidad de relaciones con los entornos lícitos (Moresilli & Cyinthia, 2006) o a los procesos de Captura y Reconfiguración Cooptada del Estado (Garay-Salamanca & Salcedo-Albaran, 2011).

Finalmente, en términos de la estructura de la red, las siguientes son algunas condiciones asociadas a la resiliencia: (i) la capacidad para responder rápida y efectivamente ante signos/síntomas de cambio, (ii) el hecho de contar con estructuras que tengan una jerarquía, aunque sea reducida, con una alta distribución de relaciones sociales entre agentes miembros, (iii) la clara existencia de redundancia, que se refiere a numerosos y diversos vínculos/relaciones, muchos de ellos sin información adicional relevante, entre los agentes sociales que conforman la red, (iv) la persistencia de historias y orígenes comunes entre los agentes que conforman la red, (v) la fragmentación y aislamiento de porciones relevantes de información, (vi) el ejercicio de un liderazgo constante que le brinda continuidad a los principios rectores de la red, (vii) la creatividad relacionada con la velocidad de transmisión de la información a través de la red, y (viii) el aprendizaje organizacional mediante acumulación de experiencia y codificación del conocimiento (Ayling, 2009).

  1. Procesamiento de Información, Estructura y Desestabilización de la Red

Para entender el nivel de resiliencia de una red, es útil identificar la vulnerabilidad a la desestabilización de su estructura. Para el efecto, se han propuesto tres situaciones que permiten inferir dicha vulnerabilidad: cuando disminuye la rapidez de comunicación de la información, cuando se reduce la agilidad en la toma de decisiones y cuando hay una pérdida de eficacia y eficiencia operativas (Carley, Lee, & Krackhardt, 2002).

Por este motivo, es importante considerar una meta-matriz de la red para determinar su nivel de resiliencia, en función no sólo de su estructura, sino del procesamiento y calidad de comunicación de información. Específicamente, es importante contar con (i) una matriz que modele quién (agente) sabe qué (tipo de información), (ii) otra matriz que refleje cuáles ideas/acciones (relaciones) están vinculadas con cuáles otras (relaciones), y (iii) una tercera que indique quién (agente) está haciendo qué (tipo de relación). Estos tres niveles son importantes porque aquellos agentes sociales que participan en la segunda y tercera matrices, son interpretados por otros agentes sociales de la red como “poderosos” (Krackhardt, 1990) o “líderes” con una alta capacidad cognitiva.

En este sentido, las capacidades cognitivas de un agente social están relacionadas con la capacidad para convertirse en un líder de una red. Específicamente, se ha señalado que aquellos agentes sociales que ocupan lugares de liderazgo en las redes, cuentan con elevadas capacidades cognitivas y experiencia en las tareas desarrolladas por la red, pero también que usualmente son extrovertidos (Carley, Lee, & Krackhardt, 2002, p. 84; Kickul & Neuman, 2000). Así, la posición que un nodo/agente social ocupa en la estructura de una red social no es la única característica útil para explicar el rol de liderazgo. Características psicológicas como la capacidad para enfrentar elevados niveles de estrés (usualmente asociados a altas cargas cognitivas), la capacidad de establecer un elevado número de relaciones sociales y la capacidad de guiar y persuadir a otros agentes sociales sobre cómo actuar, son otras características psicosociales asociadas al liderazgo de una red social (Carley, Lee, & Krackhardt, 2002). Puede, por lo tanto, concluirse que remover este tipo de líderes tiene un impacto directo en el grado de desarticulación/ desestabilización de la red y, por lo tanto, la mayor o menor concentración de poder alrededor de este tipo de líderes explica en alguna medida la resiliencia de la red.

Ahora bien, para verificar de manera certera el grado de desestabilización de una red tras la remoción de un líder, para así entender su nivel de resiliencia, es necesario prestar atención a la evolución de la red. Específicamente, para determinar si la remoción del nodo/agente actuante como líder tiene impacto significativo en la desarticulación/desestabilización de la red, también es necesario prestar atención a la capacidad de adaptación de la red (Carley, Lee, & Krackhardt, 2002, p. 86); es decir, a la capacidad de re-estructuración en las etapas siguientes a la remoción del nodo/agente líder. Esto sucede porque los agentes sociales que interactúan en una red pueden acumular conocimiento en un proceso dinámico. Por este motivo, “el aprendizaje individual llevará a que la estructura completa se adapte, algunas veces de maneras que no se pueden percibir claramente a medida que algunos nodos son removidos o aislados” (Carley, Lee, & Krackhardt, 2002, p. 86). Cuando esto sucede y hay altos niveles de conocimiento acumulado por la red en conjunto, remover un nodo/agente lleva a la rápida sustitución por parte de un nuevo líder, que tal vez contando con experiencia, personalidad adaptable y capacidad cognitiva, pueda asimilar rápidamente el conocimiento que había sido acumulado por la red en conjunto. Esto quiere decir que “el nuevo líder que emerge no puede ser predicho sólo a partir de la red social” (Carley, Lee, & Krackhardt, 2002, p. 86), ni tampoco solamente por las capacidades cognitivas individuales, sino por una interacción de estos dos elementos alrededor del nivel de conocimiento acumulado por la red en conjunto. En realidad, la existencia y emergencia de un líder implica factores como la estructura, composición y trayectoria de la red, las capacidades cognitivas individuales y los niveles de aprendizaje y comunicación de la red en conjunto.

  1. Nivel de Resiliencia de una Red Mexicana de Crimen Transnacional

En el caso de una red que en conjunto registra una reducida centralidad, el elevado nivel de resiliencia se refleja en el hecho de que remover un líder “simplemente pavimenta el camino para que nuevos líderes emerjan y la red en conjunto se mantenga relativamente intacta” (Carley, Lee, & Krackhardt, 2002, p. 89). Esta característica puede ser útil para explicar, en buena medida, por qué las constantes capturas de líderes de redes criminales transnacionales (RCTs) como “Los Zetas” o “La Familia Michoacana” no han tenido un efecto estructural de mediano plazo en su desarticulación o en su desestabilización permanente. Por otra parte, en una situación inversa de alta centralidad y reducida resiliencia, esta característica también permitiría entender por qué la muerte de Pablo Escobar, quien actuaba como líder estructural y cognitivo del Cartel de Medellín, facilitó la desarticulación de dicho cartel.

Se ha encontrado que la RCT de “Los Zetas”, en conjunto, se ha diseminado a través de fronteras internacionales, estableciendo módulos o sub-redes a lo largo de Estados Unidos, México y países de Centroamérica como Guatemala, Honduras, e incluso quizás Bolivia y Perú. Esto implicaría al menos en principio, una reducida o no tan elevada centralidad de la red en su conjunto, porque para desarticularla sería necesario remover aquellos nodos/agentes que estabilizan y articulan sub-redes o módulos ubicados en distintos países y con estructuras operativas relativamente autónomas.

No obstante, incluso en el caso de redes descentralizadas, como “Los Zetas” o “La Familia Michoacana”, “remover el líder inicial puede servir para incrementar, en el largo plazo, las confrontaciones internas dado que múltiples líderes eventualmente emergerán” (Carley, Lee, & Krackhardt, 2002, p. 89). Esto quiere decir que la constante remoción de líderes, ya sea locales en términos de sub-redes que conforman la red o globales de la red en su conjunto, sí puede tener efectos estructurales para su desestabilización en el largo plazo. En cualquier caso, para las agencias de inteligencia y seguridad será más efectivo operar sobre unos pocos nodos/agentes relevantes para la desestabilización de la red, que operar sobre muchos nodos/agentes que no sean relevantes en estricto sentido.

Específicamente, tras modelar y analizar la RCT de “La Familia Michoacana” se encuentra que no hay un grupo de pocos agentes que muy cercanos al núcleo y concentrando una alta cantidad de relaciones sociales, logren estabilizar la estructura. A diferencia, en algunos casos, la estabilización de la red es el resultado del papel articulador de un agente que registra el mayor indicador de concentración de relaciones sociales, no obstante cuente con una activa participación de un amplio número de otros agentes. En el modelo de “La Familia Michoacana” no hay un núcleo estabilizador de nodos, pues éstos se encuentran relativamente bien distribuidos a lo largo de casi todas las órbitas de la distribución radial uniforme por indicador de centralidad directa (concentración de relaciones sociales) (Gráfico 3).

La distancia que hay entre el hub ubicado en el núcleo del grafo y el segundo core node por centralidad directa, es decir, el nodo/agente con el segundo porcentaje mayor de relaciones directas, es bastante reducida: de 0.4 puntos porcentuales.

Nótese que, como se muestra en el Anexo 1, no hay una distancia porcentual superior a un dígito entre cada nodo. Esta misma tendencia se presenta en los 284 nodos/agentes que conforman la red. Llama la atención que entre los diez primeros nodos/agentes con las mayores concentraciones porcentuales de relaciones sociales directas, el tercer core node es el funcionario público con el mayor porcentaje de relaciones sociales establecidos en la red. Dicho funcionario público pertenece a una agencia de seguridad del Estado de Michoacán. Específicamente, como lo han señalado diversos medios de comunicación, se puede resaltar la instrumentalización de funcionarios pertenecientes a las fuerzas policiales locales o estatales de Michoacán que aportan capacidad de decisión y recursos logísticos para facilitar el funcionamiento y el desarrollo de las actividades ilegales desarrolladas por la red ilícita.

 

Gráfico 3. La red de “La Familia Michoacana” según la concentración de relaciones sociales.[2]

  1. Conclusiones: Implicaciones de Política Pública

a. Acerca de la dificultad de desarticular “La Familia Michoacana”

En general, a partir de la distribución porcentual del indicador de centralidad directa puede concluirse que la red de “La Familia Michoacana” es poco centralizada, en la medida en que el indicador de centralidad directa se encuentra bien distribuido entre buen  número de los nodos/agentes de la red. Esto quiere decir que no hay un único nodo o grupo de pocos nodos/agentes que acumulen un elevado porcentaje de centralidad directa (Anexo 1). Por este motivo, puede concluirse que la red de “La Familia Michoacana” presentaría un nivel de resiliencia relativamente alto, al menos en términos del indicador de centralidad directa, que, como se ha señalado, se refiere a la concentración de relaciones sociales directas. En esta medida, para las agencias de inteligencia y seguridad resultaría muy difícil desarticular o desestabilizar permanentemente esta red por medio del aislamiento de algún nodo/agente, incluso si dicho nodo/agente aislado es el que registra el mayor porcentaje de relaciones sociales directas y que supuestamente actuaría como líder de la red. Específicamente, el ataque por parte de las agencias de seguridad al supuesto líder de la red, sería un caso típico en el que se dan las condiciones para “que nuevos líderes emerjan y la red en conjunto se mantenga relativamente intacta o al menos no resulte desestabilizada. No obstante, como se señaló líneas atrás, esta condición de complejidad práctica no debe conducir a la parálisis operativa por parte de las agencias de inteligencia y seguridad del Estado, pues dichos ataques generarán conflictos y confrontaciones al interior de la RCT. Aunque en el corto plazo y quizás aún en el mediano plazo, los ataques por parte de las agencias del Estado no desarticularán la RCT de manera permanente, sí serán un obstáculo para la consolidación de dicha RCT como una estructura de regulación social criminal. Un ejemplo de estas confrontaciones generadas como resultado de la constante presión ejercida por las agencias de seguridad del Estado Mexicano sobre esta RCT, fue la transformación que sufrió su estructura, al pasar de “La Familia Michoacana” a “Los Caballeros Templarios”.

Al calcular el indicador de betweenness (Anexo 2), se encontró que NARGOLTUT, que referencia al narcotraficante “La Tuta”, registraba el mayor porcentaje de dicho indicador. Específicamente, se encontró que este nodo/agente intervenía en el 11% del total de las rutas de información de la red de “La Familia Michoacana”, a la vez que era el segundo agente más importante en términos de la cantidad de relaciones sociales establecidas. Esto quiere decir que “La Tuta” era el agente social que más arbitraba información entre sub-redes del modelo analizado. Esta alta capacidad para arbitrar información, que permite interpretarlo como un líder cognitivo de esta RCT, puede explicar el hecho de que “La Tuta”, por su cuenta, hubiera conformado y liderado una sub-red relativamente autónoma de “La Familia Michoacana”, actualmente conocida como “Los Caballeros Templarios”, y que rápidamente se convirtiera en prioridad militar para el Estado Mexicano (Otero, 2011b).

En este sentido, se puede explicar por qué la captura de “El Chango” Méndez, el 21 de junio de 2011, que era interpretado por distintas agencias de seguridad del Estado Mexicano como el líder de “La Familia”, no solamente no tuvo un efecto en la desestabilización definitiva de la red en su conjunto, sino que condujo más bien al aparente desmantelamiento de una sub-red de “La Familia”, que había entrado en enfrentamientos con otra sub-red liderada por “La Tuta”. De hecho, según medios de comunicación, la captura de “El Chango” Méndez fue posible gracias a que él estaba huyendo de “La Tuta” y del Cartel del Golfo (Milenio, 2011).

Así, aunque la captura de “El Chango” Méndez y la muerte de “El Chayo” han sido interpretadas en algunos espacios de opinión como el desmantelamiento de “La Familia Michoacana” (Milenio, 2011), parece más plausible pensar que el surgimiento de “Los Caballeros Templarios” es el resultado de una confrontación interna entre dos líderes locales de sub-redes de “La Familia” que habían obtenido relativa autonomía operativa. Aunque la Secretaría de Seguridad Pública Federal identificaba a “El Doctor” y a “El Chango Méndez” como los principales líderes de “La Familia” (El Universal, 2010), en el modelo aquí referido, tras aplicar el análisis de redes sociales, se sugiere que quienes actuaban como “líderes” en términos de su capacidad para establecer relaciones sociales directas y para arbitrar información eran más bien: “El Tío” –como hub– y “La Tuta” –como puente estructural–. Precisamente, estos dos últimos eran identificados por la Secretaría de Seguridad Pública como “coordinadores” y no como “líderes” de “La Familia”. Esto quiere decir que, prestando atención a los indicadores de centralidad directa y de capacidad para arbitrar información, se podría haber previsto alguna de las siguientes situaciones:

  1. El cambio de liderazgo en la estructura de “La Familia” con respecto a aquella presentada por la Secretaría de Seguridad Pública, en el sentido de que “El Chayo” y “El Chango Méndez” no actuaban como líderes de “La Familia”, sino más bien “El Tío” y “La Tuta”. En este caso, “Los Caballeros Templarios” sería el nombre de una estructura similar a “La Familia Michoacana”, pero con una línea de mando distinta.
  2. El surgimiento, consolidación e independencia de una sub-estructura al interior de “La Familia”, liderada por “El Tío” y por “La Tuta”. En este segundo escenario, “Los Caballeros Templarios” sería el nombre de una estructura nueva surgida del interior de “La Familia Michoacana”.

En cualquier escenario, ya sea ante un cambio en la estructura de mando o ante un surgimiento de una sub-estructura desde el interior de “La Familia Michoacana”, podría haberse previsto que la estructura liderada por “La Tuta” y por “El Tío”, como la aquí analizada, contaba con amplias posibilidades de continuar existiendo gracias al capital político y tal vez electoral que habrían logrado acumular “El Tío” y “La Tuta”, resultado de su estrategia de establecimiento de acuerdos políticos con algunos presidentes municipales y otros funcionarios públicos. En general, podía haberse previsto que neutralizar aquel nodo/agente que la Secretaría de Seguridad Pública identificaba como líder de la red, no tendría efectos definitivamente desestabilizadores en la estructura operativa de la red, la cual hoy continúa actuando con otro nombre.

b. Acerca de la diferencia entre las Redes Mexicanas de Crimen Transnacional y los Carteles de Narcotráfico Colombiano de los Ochenta y en los Noventa

Las comparaciones entre las redes de crimen mexicano y los carteles de narcotráfico que actuaron en los años ochenta y noventa en Colombia, como los Carteles de Medellín y de Cali, son muy comunes. De hecho, tiende a pensarse que la mayoría de estrategias adelantadas por las agencias de inteligencia y seguridad colombianas en los años ochenta y noventa, serán útiles para enfrentar y desarticular las redes de crimen mexicano; específicamente, se piensa que es posible desarticular permanentemente redes criminales como “Los Zetas” o “La Familia Michaocana”, así como fue posible desmantelar al Cartel de Medellín o al Cartel de Cali. Sin embargo, en el presente documento se ha evidenciado una característica que diferencia fundamentalmente a ambos tipos de grupos criminales.

Por una parte, RCTs como “Los Zetas” o “La Familia” cuentan con estructuras altamente descentralizadas que no sólo les ha permitido expandirse a lo largo de amplios territorios, sino además incursionar en diversas actividades ilícitas que no se restringen únicamente al tráfico de marihuana y cocaína,  sino que además abarcan la producción y el tráfico de drogas sintéticas, el comercio ilegal de armas, el tráfico de humanos, la extorsión, la piratería, la explotación y exportación ilegal de minerales, entre otros. A diferencia, carteles colombianos tradicionales como el de Medellín y el de Cali se caracterizaron por concentrar la operación de su cúpula en territorios geográficos relativamente reducidos y en el ámbito nacional colombiano, por no incursionar en varias de las actividades ilícitas como las mencionadas para los casos de “La Familia Michoacana” o “Los Zetas” y, sobre todo, por concentrar el poder de mando en un único nodo/agente o grupo reducido de nodos/agentes: Pablo Escobar en el Cartel de Medellín y los Hermanos Rodríguez Orejuela en el Cartel de Cali.

Así, puede concluirse que los carteles colombianos tradicionales no fueron tan descentralizados como actualmente son varias RCTs mexicanas y que, por lo tanto, dichos carteles habrían contado con niveles de resiliencia reducidos en comparación con las redes mexicanas. Por este motivo pareciera que, al menos en principio, era más fácil en términos de la identificación y neutralización de un único nodo/agente o de un grupo reducido de nodos/agentes, desestabilizar de manera permanente al entonces Cartel de Medellín o Cartel de Cali, que a las actuales RCTs mexicanas aquí mencionadas. Aunque actualmente no se cuente cono modelos de las redes que conformaron los carteles colombianos, el comportamiento de la operación de dichos carteles luego de la neutralización de sus líderes, permite hacer inferencias confiables acerca de sus niveles concentración de centralidad.

En términos de la operación de las agencias de inteligencia y seguridad y de la política de seguridad del Estado Mexicano, lo anterior se traduce en el hecho de que la captura de ningún líder de RCTs como “Los Zetas” o “La Familia Michoana” tendrá los efectos desarticuladores que en los noventa tuvieron la muerte de Pablo Escobar para el Cartel de Medellín, o la captura y posterior extradición de los hermanos Rodríguez Orejuela para el Cartel de Cali. Posiblemente, sólo en el caso de la RCT del Cartel de Sinaloa, que incluso en términos culturales se interpreta como una red criminal altamente centralizada alrededor de la figura de “El Chapo” Guzmán, podría esperarse un efecto de desestabilización relativamente contundente. No obstante, esta es una conclusión que aún requiere corroboración empírica por medio del modelaje y análisis de dicha red criminal transnacional.

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[1] La Reconfiguración Cooptada del Estado se define como “La acción de organizaciones legales e ilegales que mediante prácticas ilegítimas, buscan modificar, desde adentro, el régimen político de manera sistémica e influir en la formación, modificación, interpretación y aplicación de las reglas de juego y de las políticas públicas, para obtener beneficios sostenibles y lograr que sus intereses sean validados política y legalmente, así como legitimados socialmente en el largo plazo, aunque éstos no obedezcan al interés rector del bienestar social” [Garay-Salamanca, L. J., & Salcedo-Albaran, E. (Nov. de 2011). Institutional impact of criminal networks in Colombia and Mexico. Crime, Law and Social Change].

[2] Grafo elaborado por Eduardo Salcedo-Albarán.

 

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